Aprender a emprender

Aprender a emprender

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”: la leímos mil veces, la convertimos en flyer para redes y nos la repetimos hasta el cansancio pensando que emprender es la solución a todos nuestros problemas.
El pasto siempre se ve más verde en el jardín del vecino: idealizamos a otres emprendedores comparando sus resultados con nuestros intentos y pensamos que el día que renunciemos a la oficina vamos a vivir sin horarios, sin jefes, sin responsabilidades y eso nos va a llevar a tener una marca exitosa, un escritorio minimalista con una notebook finita y gris, un café descartable con nuestro nombre, una casa Pinterest y una vida instagrameable.

YO TAMBIÉN IDEALIZABA

Siento que el error más grande que cometemos es pensar en resultados y no en procesos, por eso hoy quiero compartirte algunas experiencias que viví en estos 10 años emprendiendo que quizás puedan servirte.

Aprendizaje #1: NO IMPROVISAR

El primer día de trabajo en casa después de renunciar sentía que podía llevarme el mundo por delante. Mi vida emprendedora era un lienzo en blanco y sentía que podía equivocarme y empezar de nuevo las veces que quisiera porque yo era mi nueva jefa y las reglas las ponía yo: esto era absolutamente cierto pero, al no tener una hoja de ruta, hoy siento que toda esa energía, ese impulso y ese entusiasmo los desaproveché tirando intentos al aire, sin medir resultados ni analizar los errores y aciertos de cada paso que daba. Es hermoso asociar la vida emprendedora con la libertad de hacer lo que queremos pero, para hacer crecer nuestras marcas y realmente poder vivir de ellas, es importante que fijemos un plan de acción cada año para poder improvisar sobre él.

Aprendizaje #2: TENER HORARIOS

«Vos que estás en tu casa todo el día» es una frase que escuché hasta el cansancio y siempre estaba acompañada de: «mañana jueves no trabajo, nos juntamos al mediodía a almorzar?», «tengo que hacer un trámite en horario laboral y no llego, me hacés el favor ya que vos podés?», y muchos etcéteras. Mi error no era cortar el día sino la falta de horarios fijos para poder tener esas pausas sin que eso alterara mi trabajo. Aunque no estemos en la oficina necesitamos horarios que no sean negociables (salvo para urgencias), para que esas pausas no nos retrasen en nuestras tareas. Por ejemplo, si yo sé que mi horario fijo es de 10 a 16 hrs, puedo decirle a mi amiga que en vez de almorzar podemos merendar (porque ella no trabaja ese día…pero yo si!) o a mi pareja que puedo ayudarlo con todo gusto con ese trámite…antes de las 10 o después de las 16. Queremos tener rutinas y crecer en nuestros trabajos pero eso no nos debería impedir tener vida social y/o ayudar a las personas que queremos.

Aprendizaje #3: HACER BUENAS FOTOS NO ES SUFICIENTE

Empecé a estudiar fotografía por placer y unos años después sentí que podía convertirse en mi profesión. Pasaron 5 años desde mi primer curso hasta que renuncié a la oficina y desde el día 1 me esfuerzo mucho en aprender y sumar experiencias en distintos estilos. Eso me llevó a mejorar mis fotografías pero, con el tiempo, me di cuenta de que para que mi negocio creciera necesitaba capacitarme en muchísimas otras áreas (marketing, manejo del tiempo, flujo de trabajo, manejo de redes, etc) y también delegar las cosas que yo no sé ni me interesan hacer (contratar un contador fue un antes y un después).

Aprendizaje #4: TENER PRECIOS BAJOS TRAE MÁS TRABAJO DEL QUE PUEDO REALIZAR

Y es verdad: precios bajos me hacían tener más carga laboral. Eso quiere decir que tenía que hacer el doble o triple de trabajos para poder tener un ingreso que me permitiera pagar mis gastos, mi tiempo libre era realmente muy poco y conseguir mayor cantidad de clientes requería más esfuerzo. Con el tiempo me animé a subir mis precios y cuando aparecía el síndrome del impostor para querer convencerme de que «mi trabajo no valía tanto» sabía que era momento de sumar una nueva capacitación que me hiciera elevar la calidad de mis fotos para que estén acordes a precios más altos, en lugar de seguir rematando mi trabajo.

Aprendizaje #5: LA FOTOGRAFÍA NO ES UN RUBRO SOLITARIO

Me lo habían dicho tantas veces que terminé creyéndolo, pero el tiempo y las experiencias me demostraron lo contrario: este rubro está lleno de colegas dispuestos a ayudarte a crecer. También están «los otros» pero si te concentras en armar una red de gente que te ayude vas a llegar más lejos. La fotografía es un rubro solitario…y también es un rubro solidario.

BONUS – Aprendizaje #6: LA MATERNIDAD ES COMPATIBLE CON EMPRENDER (pero qué lío, eh?)

Es verdad que combinar ambas tareas no es nada fácil: cuidar a un hije, sobre todo si aún es bebé, nos ocupa la cabeza y el tiempo al 99%. Pero nos queda un 1% de esperanza y eso es lo que, al menos a mí, me permitió retomar mi trabajo amigándome con las limitaciones que la crianza me trajo. Objetivos pequeños, horarios reducidos, técnicas nuevas para ganar tiempo (como pasear para que se duerma y, una vez que lo logro, responder mails mientras dure la tan preciada siesta). Elegir maternar y emprender al mismo tiempo es un trabajo mucho mas intenso del que alguna vez me imaginé pero también es el desafío más hermoso que me tocó desde que tengo uso de razón.

Conclusión: emprender no es sólo vivir de lo que nos gusta y siempre es mejor prepararnos antes de dar el salto. Pero, si ya saltaste y te pasó como a mí, sabé que siempre estamos a tiempo de aprender de los errores para corregirlos y hacer crecer nuestras marcas.

Si te sirvieron estos tips te invito a contarme en Instagram cuáles fueron los errores que te hicieron crecer en tu emprendimiento.

​“La forma de emprender algo es dejando de hablar de ello y empezar a hacerlo”

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